Algunas reflexiones sobre la utilización de herramientas clásicas en el proceso bioenergético

Estas cortas reflexiones fueron incluidas como material de estudio para nuestros alumnos avanzados en la formación de terapeutas certificados en Bioenergética.

Históricamente, el Análisis Bioenergético se ha caracterizado por ser una técnica activa. Durante todo el primer tiempo, se trataba de trabajar sobre los bloqueos musculares con el objetivo de abrirlos y recuperar lo allí contenido para transformarlo.

A pesar de pertenecer generacionalmente a un grupo de profesionales que nos formamos de ese modo, sabemos que mucho de la técnica de aquella época podía resultar demasiado duro o hasta excesivo.

Con la inclusión de nuevos modelos de abordaje en bioenergética, nos vemos con la necesidad de llevar una nueva mirada a las “formas de utilización” de algunas técnicas clásicas.

Las herramientas sobre las que nos proponemos pensar son: el taburete bioenergético, el colchón, las técnicas expresivas y algunas otras caracterizadas por una modalidad más sutil.

El taburete bioenergético:

Conocemos la ayuda del banco (taburete) para todo lo que tiene que ver con apertura del pecho y de la respiración y el contacto con todas las zonas de tensión, de la espalda, sobre todo en cintura escapular y cuello.

Sabiendo la importancia del contacto y el hilo vincular entre paciente y terapeuta, proponemos pensar juntos distintas posibilidades de enriquecer esta herramienta. Frente a la propuesta de contactar con zonas acorazadas cuya tensión responde a viejas emociones acumuladas, es necesario afinar nuestra intención de estar presentes como terapeutas (cuidadores de los delicados movimientos energéticos que van a surgir en esta movilización).

¿Cómo proponer abrir un pecho que aloja un corazón dañado, traicionado, humillado, y con muchísimas más experiencias infantiles traumáticas acumuladas? ¿Cómo sostenerlo energéticamente, manteniendo la presencia justa, sin abandonos ni intervenciones invasoras?

Seguramente todo esto es un continuo de la relación que existe entre terapeuta/paciente, pero llamamos la atención sobre la necesidad de una presencia más cercana del terapeuta que permita atravesar de forma diferente ese profundo dolor.

Traemos, en este punto, indicaciones tomadas de un texto de Louise Frechette “Circulación energética y Expresión de la sexualidad”, sobre modos clásicos de trabajar con el taburete:

“El taburete de respiración se utiliza para abrir la respiración y ayudar a los pacientes a contactar con sentimientos de tristeza, de angustia, de desesperanza, de impotencia, de pena de haber perdido sus ilusiones. Aunque haya pacientes que pueden sentir rabia respirando sobre el taburete, sirve primero para poner en contacto con la vulnerabilidad.”

“Es importante preguntar a los pacientes si tienen problemas de espalda que pueden constituir una contra-indicación a la utilización del taburete. Es normal sentir dolor respirando sobre el taburete, por lo menos durante la sesión. Es importante cuidar de los pacientes que tienen tendencia a forzar o soportar el sufrimiento más allá de sus límites a causa de su estructura de carácter. El terapeuta debe ayudarles a sentir sus límites y respetarlos para no lastimarse durante el trabajo.”

“El banco se puede utilizar principalmente en dos zonas de la espalda: para abrir la respiración torácica y para abrir la respiración abdominal.

Consejos para aprovechar el ejercicio en ambas posiciones:

  • Expirar completamente haciendo un
  • Utilizar palabras en relación con la emoción vivida por la persona: “No puedo más”, “me duele”,
  • Utilizar la expresión de la voz sin
  • Siempre proponer hacer el arco invertido al salir del taburete como modo de relajar la zona alta del cuerpo que puede haberse tensado”.

Si nosotros tomamos el texto de Lowen de “Ejercicios bioenergéticos” veremos que el modo clásico de utilización del taburete es con la pelvis relajada y llevando los brazos hacia atrás tomando el respaldo de una silla con ambas manos.

Creemos que ésta es una situación muy extrema de stress que sólo puede ser sostenida por estructuras de carácter más acorazadas, pero aún pudiendo llegar a reforzar la defensa de rigidez y dureza. Entonces, en su lugar y siguiendo a uno de nuestros trainers internacionales Guy Tonella en relación a re-convertir técnicas clásicas en unas que incluyan la dimensión interactiva, proponemos incluir el cuerpo de terapeuta también en la propuesta. Por ejemplo, sosteniendo por detrás la cabeza del paciente o, sosteniéndola de costado con una rodilla colocada sobre el colchón. De este modo, tenemos acceso al rostro y al pecho del paciente, para alguna intervención que podamos sentir como oportuna (por ejemplo, colocar una mano sobre el pecho, etc.). Y, estando de costado, también tenemos una mayor visión sobre lo que acontece sobre el cuerpo del paciente como una totalidad (zonas que se pueden mover o no, vibración, capacidad respiratoria, cambio en cualquiera de estas dimensiones, etc).

Ya que es una herramienta de mucha intensidad, algo que aconsejamos hacer al incluirla por primera vez es informar previamente al paciente que pueden aparecer zonas de mucho dolor, y que entonces la idea es repetir varias veces el ejercicio de abrir hacia atrás, para luego soltar hacia abajo. Verbalizar que de ese modo, cada vez que lo repitamos vamos a poder encontrarnos con sensaciones diversas, para de este modo profundizar la experiencia del trabajo.

Para la utilización del taburete como ayuda para liberar la zona pélvica es bueno pensar también en ejercicios previos de conexión con esa parte del cuerpo, ejercicios de carga y toma de contacto con los genitales y pelvis. Este es un modo de reconocer qué pasa allí, y entonces, después ir al banco, abrir y expresar también con las piernas lo que allí esté acumulado o lo que no circule energéticamente.

¿Con qué tipo de pacientes se propone el trabajo con taburete y en que momento del proceso? El taburete es una herramienta que requiere que el terapeuta haya hecho personalmente un uso “adecuado” dentro del propio proceso terapéutico. Como decíamos al principio, es una herramienta fuerte, que requiere de procesos de regulación por parte del terapeuta, para que pueda resultar en una experiencia de construcción para el paciente.

Otra herramienta que podemos utilizar para abrir zonas del cuerpo de un modo más suave es utilizando una manta enrollada sobre ciertas partes del cuerpo: pecho y pelvis, por ejemplo. Para utilizar la manta, el paciente va a acostarse sobre el colchón o sobre el piso, que son lugares que van a proveer de una sensación de más sostén que el taburete que exige estar bien plantado sobre los propios pies.

El colchón es otra herramienta de mucho valor en análisis bioenergético.

Podríamos separar su uso en:

  • propuestas donde trabajemos situaciones mas primarias que requieran sostén y contención, donde las emociones predominantes sean: tristeza, miedo, ansiedad y
  • trabajos más relacionados con las expresiones de rabia, ira,

En relación al último punto, se trata de utilizar el colchón del modo más clásico que conocemos (“Manual de ejercicios bioenergéticos”, Lowen). Pero siempre teniendo en cuenta la presencia del terapeuta (su cuerpo, su emocionalidad) como soporte de la experiencia interactiva, como regulador de situaciones que podrían ser “excesivas” para el paciente y así, re traumatizantes.

Algunas otras herramientas a incluir en este trabajo expresivo son: raqueta, toalla, etc, que permiten la expresión de sentimientos “fuertes”.

En relación al trabajo con emociones más primarias, se trata de favorecer más el contacto, que el trabajo expresivo. Y allí también la presencia del terapeuta (cuerpo y emocionalidad) traerá la posibilidad de explorar vivencialmente emociones de vulnerabilidad, que pueden ser temidas por el paciente.

Entonces, el terapeuta no es sólo un sostén y un regulador de la experiencia, sino que también es parte de ella. Con estructuras menos acorazadas, o en momentos de mayor vulnerabilidad del paciente, vamos a navegar principalmente por este último mar, el de explorar la emocionalidad del paciente, abriendo por ejemplo la experiencia de sensaciones, de emociones o de una presencia que puede no haber estado antes. Con estructuras más acorazadas podremos trabajar más en la dimensión expresiva, sabiendo que en algún momento del proceso será necesario habilitar la experimentación de sentimientos de mayor vulnerabilidad, de mayor suavidad.

En nuestra propia experiencia nos hemos encontrado con el “desarrollo” de otras herramientas imprescindibles para el sostén de un proceso de apertura y profundización:

  • La observación atenta del terapeuta: oír con los ojos, escuchar con todo el cuerpo, todos los movimientos del paciente. Tanto los movimientos emocionales, los sensitivos, los energéticos.
  • El uso de propio self, por ejemplo como modo de anticiparnos a los movimientos que pueden estar produciéndose en los pacientes, y que pueden resultar inconcientes para
  • La amorosidad que: acompaña, reconforta y habilita toda la experiencia emocional: de dolor, de expansión, de alegría, de tristeza, de odio,
  • No pretendemos con estas palabras haber abarcado este tema en todas sus complejidades, sino tan sólo haber abierto el interés de quienes se hayan contactado con este escrito por comenzar a preguntarse sobre cuestiones técnicas del proceso terapéutico