Como podemos aprovechar este nuevo inicio de ciclo para explorar cambios?
Fin de año, comienzo de año, son momentos que en general nos llevan a hacer un recorrido por lo que hemos vivido en este último periodo. Si tenemos la suerte de poder tomarnos una pausa, un descanso, además podemos sumarle la posibilidad de re pensar que queremos cambiar, que año queremos, que actividades nos hacen bien, que necesitamos sumar más que quitar, para tener un año con mayor armonía y afín a nuestras necesidades interiores.
Cómo hacer para no ser arrasados otra vez por la velocidad de la cotidianeidad, es un desafío que podemos tomarnos. Podemos darle un gran giro a la rutina para tratar de encontrar lo extraordinario en oposición a lo ordinario.
Pero esto requiere de la puesta de energía en esa dirección. Cuando queremos cambiar algo, en general se trata de algo que nos molesta mucho de nosotros mismos, y que nos cuesta modificar. Esto es así, porque durante muchos años de nuestra vida, ese surco cerebral, ese circuito neuronal fue visitado incontables veces. Sirvió para la supervivencia, pero tuvo tanta carga emocional que el cerebro reconoce una situación presente semejante, quizás diluida a la mas mínima expresión, y reacciona químicamente exactamente igual que en la situación original, generando comportamientos desajustados y desproporcionados al hecho presente.
Si mantenemos las emociones negativas que cualquier evento puede causar en nosotros durante mucho tiempo (días, meses o años) creamos rasgos de carácter en la persistencia de mantener químicamente esos recuerdos vivos.
Para cambiar debemos mirar las emociones que hemos memorizado como parte de nuestra identidad.
Cuando liberamos nuestro organismo de esas emociones, liberamos nuestra energía y así el cuerpo no es más un esclavo del pasado.
¿Qué es lo más perjudicial de las respuestas de estrés activadas por las presiones del pasado, el presente y el futuro? Cuando perdemos el equilibrio químico tan a menudo, el desequilibrio se convierte en un estado habitual.
Lo que en el pasado era una conducta adaptativa muy eficaz y una respuesta bioquímica beneficiosa (lucha o huida) se ha convertido ahora en una respuesta fija, rígida.
Cada vez que pensamos en un evento doloroso producimos la misma química que se generó cuando lo vivimos. Pero si logramos cambiar eso estaremos cambiando hacia una experiencia de sabiduría. Poner al cuerpo en el tiempo presente liberando energía. Los pensamientos mandan la señal hacia afuera y los sentimientos recogen lo que retorna.
Entonces cabe hacernos esta pregunta: ¿Qué es lo que programamos (transmitimos) diariamente??O de una manera más sencilla…Que nos decimos internamente la mayor parte del tiempo??
El cuerpo va a resistirse. Pero si le hablamos como le hablamos a un animal salvaje para calmarlo, estamos trabajando sobre nuestra transformación. Y el cuerpo tiene que modificar los receptores.
Ya no se trata de receptores químicos vinculados a la frustración, a la culpa o la infelicidad.
Podemos condicionar al cuerpo a una nueva mente cada vez que quiere ir a las viejas emociones. O comienza a anticipar el futuro y salir entonces del círculo vicioso para ir a un círculo virtuoso.
El trabajo es sostener ese nuevo estado del cuerpo y de la mente todo el día.
El proceso de cambio implica deconstruir conocimiento y reconstruir uno nuevo. Re inventar un nuevo estado con nuevas conexiones cerebrales que traen lo NO CONOCIDO.
Si nos familiarizamos con nuestros pensamientos, emociones, conductas inconscientes, nos convertimos en la consciencia observando el problema del pasado.
Se trata de enseñarle al cuerpo algo distinto. Y si lo hacemos regularmente, se volverá algo familiar. Construiremos una nueva identidad y una nueva realidad. Ya no vamos a estar definidos por nuestro pasado y nuestro drama. Y estaremos más expandidos para construirnos libres de esos condicionamientos inconscientes, evolucionando de la inconsciencia a la conciencia.