El concepto de enraizamiento (grounding) en la bioenergética contemporanea

Uno de los conceptos fundamentales de la teoría bioenergética es el concepto de enraizamiento. Para Lowen una persona enraizada es una persona con los pies sobre la tierra, una persona auto-regulada, con un equilibrio entre su carga y su descarga. Y podríamos desplegar mucho más acerca de esto.

Los estudios actuales permiten pensar en la construcción del enraizamiento que se inicia en lo que llamamos vínculo con la figura de apego, madre-bebe desde el embarazo, a través de la comunicación hormonal permanente a través del cordón umbilical que transmiten estados emocionales maternos, a través de la temperatura, blandura o no del espacio uterino, la comunicación vía pensamiento/emoción que exista o no entre el bebé y la mamá.

En ese vínculo de apego, primeros años de vida, se van construyendo los cimientos de todos los vínculos posteriores de la vida. Pero, sobre todo, los cimientos de la relación con uno mismo.

Trabajando con el cuerpo, desde el grounding, uno va sintiendo-reactivando en su cuerpo esa huella tan primaria, en la sensación de firmeza o falta de ella, al estar de pie, con la intención de llevar el peso hacia los pies y nuestra consciencia del contacto de los pies con el suelo. Algo tan básico, casi obvio, empieza a sentirse como una búsqueda, más que como algo dado por sentado. No es lo mismo pensar que uno está de pie, a sentirse de pie. Y luego ante la pregunta de cómo me percibo de pie, empiezan a aparecer las huellas de nuestro apego más primario, y mucho más en vínculo con otro.

Como se sostiene mi enraizamiento cuando aparece el otro? Frente a que situaciones pierdo “piso” o se activa mi sistema defensivo (tanto somático como psíquico).

En cada uno de nosotros será diferente, de acuerdo a nuestras historias, pero lo que es común a todos, es que frente a aquello que no pudo ser dado de manera regulada, el cuerpo se sobreadaptó, en algunos de modos más logrados que en otros. A mayor defensa somática, mayor desconfianza, mayor sensación de vulnerabilidad.

Una de las formas más directas para explorar esto hoy, es elegir un área o situación en donde me encuentro bloqueado, donde parece casi imposible encontrar una nueva manera de estar o responder. Y tratar de estar atentos a como nos sentimos en el cuerpo en esas situaciones, qué pasa con la respiración, con nuestra postura corporal, y qué decimos o dejamos de decir en esa situación que vemos que se nos repite cada tanto, y nos lleva a actuar de una manera casi automática.

Observar que me digo a mi mismo (muy posiblemente de manera silenciosa) en esos momentos, porque eso que me digo y configura la escena presente, es donde enraizo. Y ahí se re-imprime esa huella del vínculo de apego, haciéndose presente en esas situaciones de bloqueo y de respuesta casi automática, casi sin elección posible de hacer algo diferente, novedoso para uno. Uno queda a expensas de la situación, a expensas del otro, o a expensas de la dificultad, como cuando éramos bebes, niños.

Donde elijo hoy enraizar? Puede ser la brújula, porque lo automático, lo conocido, no es necesariamente lo más vital para uno. Que me quiero poder decir internamente? Y que transmito en mi manera de vivir y de decidir.

Algo sencillo para experimentar, es visualizar una situación donde a uno le gustaría estar, hablar o sentir de manera diferente a la habitual. Y quedarse en esa visualización el tiempo suficiente, como para registrar que se siente en el cuerpo mientras uno lo va repasando mentalmente, dar tiempo a la “nueva química”, a la nueva respuesta somática, para construir nuevos surcos de respuestas, o en nuestras palabras, un nuevo enraizamiento. Hacer esto muchas veces, visitar la misma escena, para que ese surco vaya dejando una huella diferente a la construida históricamente.

En bioenergética la reparación de nuestro enraizamiento implica un proceso, un tiempo somático que abarca la biología de nuestro cuerpo emocional, porque lo que quedó bloqueado o no habilitado en esa resonancia madre- bebe, tuvo que ver con lo emocional. Grounding psíquico significa comprender, en función de la historia de cada uno, lo que nos sucede en el cuerpo, y desde esa comprensión y claridad, poder enraizar en lo que elijamos desde una adultez activa y consciente que amplíe nuestra vitalidad.