No tenemos un cuerpo, somos en el cuerpo

Convertirse en Analista Bioenérgetico, es un profundo proceso de exploración personal, diferente al que puede atravesarse desde otras líneas de trabajo.

Trabajar las defensas, resistencias, traumas, es primero sobre la persona del terapeuta en formación, una exploración sobre sí.

A eso nos referimos cuando hablamos de proceso “teórico-vivencial”. Cada taller profundiza un tema teórico con bibliografía de la bioenergética actual, pero también se bucea en la experiencia personal, no porque se busquen regresiones, simplemente porque al empezar a mover el cuerpo, con la propuesta que corresponda al tema, en vínculo, en grupo, en un contexto cuidado por los coordinadores, (todos psicólogos y médicos, certificados en Análisis Bioenergético), emergen contenidos corporales, emocionales, llega información, a veces en forma de movimientos involuntarios, a veces con necesidad de continuar o realizar un movimiento determinado que procede del interior, y que trae información de ese fragmento de historia que había quedado congelado en la musculatura. Es decir se actualizan contenidos que allí estaban, a través de una mirada, una postura, un gesto respiratorio.

Es muy importante que el analista bioenergético en formación, pueda tomar contacto con sus defensas, sus resistencias, sus puntos ciegos, sus dificultades en la respiración, sus bloqueos, para que la falta de luz sobre los mismos, no impida una correcta resonancia somática con el otro, fundamental para este abordaje.

Trabajamos profundamente en evitar las proyecciones sobre el paciente.

Entonces, se van integrando o elaborando contenidos que permanecían en la sombra, guardados en un gesto que terminó de completarse, un musculo tenso que se liberó, con un movimiento contenido que pudo encontrar un sentido y soltarse, o en palabras que quedaron silenciadas y salen de un modo orgánico.

Por esa razón, el cuerpo del terapeuta en formación, va afinándose como un instrumento, aprendiendo a escucharse y a entenderse a sí mismo, recuperando la propiocepción, para luego poder resonar, vibrar con el paciente que llega con un discurso y un cuerpo que cuenta una historia, sin saberlo.

No tenemos un cuerpo, somos en el cuerpo. Terapeuta y paciente.

Para nosotros el inconsciente no es una entelequia que habita en algún lugar de nuestro cerebro, sino que está guardado, en la forma de respirar, el tono de la voz, la gestualidad, la postura, la mirada, el modo peculiar de vincularse. Y todos esos elementos están presentes en la formación, y en una sesión bioenergética.

Al mismo tiempo nuestra historia y los patrones repetitivos dejaron profundos surcos que impiden encontrar con facilidad respuestas nuevas y más logradas a las situaciones que la vida trae.
Con la terapia psico-corporal, apelamos también a la neuroplasticidad, a la posibilidad de inscribir nuevas posibilidades de respuesta.